miércoles, febrero 11, 2009

It's alive! (muahahahahhaa)

Después de años y años dibuando y con varios abortos de comic a cuestas que jamás vieron su fin, por fin es mi agrado presentar al más sólido retoño de mi plumilla (digital, pero plumilla al fin y al cabo): Al Akhir.



Por supuesto, el crédito no es exclusivamente mio... de hecho, la idea original y el guión son de mi adorada y bienamada novia Stephanie. Yo soy demasiado disperso como para lograr redactar un guión como la gente y es justamente por eso que no suelo terminar (ni generalmente empezar) las historias que imagino. Pero eso cambiará ahora, porque Al Akhir es un comic autoconclusivo de 18 páginas que será publicado en entregas mensuales de 3 carillas en la revista digital "Nemoris Comics". Ésta es un proyecto de un grupo de jóvenes avecindados en Valdivia que propone reunir a gente experta en diferentes ámbitos del saber geek/ñoño (cine, juegos, etc.) para escribir sobre los temas que a nuestra subcultura nos interesan y además publicar varios comics y relatos de diferentes creadores locales. La gracia de todo esto es que "Nemoris" se perfila como un proyecto centrado en entregar calidad y continuidad. Así, todas las secciones on-line se irán actualizando permanentemente, así como los comics y relatos que tendrán entregas periódicas. De este modo cada comic irá desarrollándose durante 6 meses hasta completar su argumento.

Ahora bien, la innovación del proyecto está en la posibilidad de culminar cada ciclo de 6 meses con una publicación en papel, la cual sería no tan sólo una versión física del on-line, sino una edición especial llena de "enjundia" y bonuses.

Es evidente que como todo proyecto, también "Nemoris Comics" necesita de todo el apoyo que pueda recibir para poder prosperar. Por parte de quienes trabajamos en él estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo. Esperamos que nos apoyen y participen.

Desde ya muchas gracias.



Ahora a lo mio... una breve sinopsis de Al Akhir:

Saïda (una pequeña niña) y su joven acompañante Fayd Assur (un chico con las manos y los ojos reptilescos) recorren un mundo exótico de reminiscencias medio-orientales. Solos y marginados por la apariencia de Fayd ambos deben sufrir el miedo y el odio de la gente. No tienen en el mundo nada más que el uno al otro... ¿O podría haber algo más para ellos?

Ya están las primeras tres páginas de esta y de otras historias (de otros autores) disponibles en la página de Nemoris Comics.

viernes, julio 04, 2008

Frascos de Vidrio

Me gustan los frascos de vidrio. Ya no se usan, son de otra época, de un tiempo que me gustaba mucho, de los días en que las cosas aún se hacían para durar, en que la gente se preocupaba de lo que le rodeaba y de quienes le rodeaba. Los frascos de vidrio son transparentes y aunque a veces tiñan su contenido con el matiz de su propio color, siempre podemos ver lo que hay adentro.

Recuerdo mi infancia y veo esos grandes frascos, que probablemente no eran tan enormes, llenos de maravillas… las maravillas del mundo, esperando a ser descubiertas. Mermeladas, caramelos, tornillos, bochas, galletas y de vez en cuando amargas medicinas. Los frascos de vidrio tenían vida propia, un peso en la mano. Aún vacíos hacen notar su presencia y nos hipnotizan con los extraños reflejos y refracciones. ¿No es acaso relajante, envolvente y genial poner uno de ellos en el centro de la luz que entra por la ventana en verano y verse de pronto rodeado por olas, nubes y montañas? Y pegar los ojos a ellos, viendo cómo el mundo se vuelve borroso y extraño, o usarlos para ver bajo el agua es sólo un poco menos atractivo.

Pero, como dijo al principio, no creo que sea el frasco en si el que me agrada, sino lo que representa. Encontrarse hoy con un frasco de vidrio tiene una serie de implicancias. En primer lugar llaman la atención, resultan anacrónicos. Probablemente más de uno piense “oh, viene en un frasco de vidrio”, con cierta sorpresa. También es probable que de inmediato asociemos algo que se nos ofrezca en la tienda de este modo a un producto de calidad (tomen nota publicistas y vendedores de pomada). Es un poco como con las galletas que vienen en lindas cajas de latón; pensamos que deben ser más ricas, mejores, aunque no sea así. Prestigio, esa es la palabra. El frasco de vidrio es prestigio. Y claro, en nuestros días de lo desechable, de lo pasajero, asociamos todo aquellos que nos evoque el pasado con prestigio. Basta ver a nuestro alrededor: el frac, una prenda por excelencia anacrónica, es el símbolo de la sobriedad y elegancia de novios y diplomáticos; Rols Royes sigue poniéndola a sus autos el mismo estilo de radiador que hace casi un siglo. ¿Y para qué ir tan lejos? ¿No suele todo el mundo comentar cosas como que buena era la comida casera de antes? Basta con ver cómo la industria nos vende esos pensamientos en cómodos envases que dicen “estilo casero”, receta tradicional” o “como la hacía tu abuela/mamá”.

No nos engañemos, no es la mera nostalgia la que nos hace pensar esas cosas. No es el típico y barato “todo tiempo pasado era mejor”. Eso sería ser simplón y amargado. La respuesta no está en “el pasado”, sino en cómo se vivía en ese pasado. La gente se esmeraba en las cosas que hacía… quizá porque sabía que eran las únicas cosas que había, quizá porque esas cosas eran para quienes lo iban a apreciar o quizá solamente porque esas cosas tenían que durar toda un vida o más. Hoy las cosas lamentablemente se han vuelto pasajeras, descartables, impersonales. ¿Quién, honestamente, aún valora un regalo hecho a mano? ¿Cuántos pueden pasar por enfrente de las multicolores y seductoras vitrinas e ignorar la “última moda” o el aparato más moderno? Vivimos amarrados a lo efímero, esclavizados de lo cambiante… aunque la mutación sea forzada y no se justifique.

No crean, en todo caso, que soy un avejentado gratuito, que odio el progreso o que estoy en contra de la modernidad. También a mi me gustan las nuevas tecnologías y me agradan muchas cosas nuevas, pero aún me gustan los frascos de vidrio.

¿Será que el plástico nos aburre después de tantos años?

viernes, diciembre 07, 2007

Fuego

En el mar de humo danzan su último baile,
envueltos en burbujas de memoria,

los peces del conocimiento.

A la luz del hipnótico ritual de la calcinación
Se unen la mente y el corazón,

y las lágrimas asoman desde ambos.

Como una cicatriz oscura, enorme y caliente
se erige ahora el baluarte del saber.

Pero el conocimiento no se quema.

¿Y la memoria arderá?


Es curioso cómo cada quién perdió algo importante con el incendio del edificio Emilio Pugín, conocido como "el de los pescados". Los científicos que trabajaban ahí vieron comsumidos años de trabajo, muchos de ellos su vida entera como investigadores. ¿Quizá cuántos estudiantes pensaron en sus tesis cuando vieron el humo levantarse sobre Valdivia como un inmenso manto de mal augurio? Muchos perdieron sus trabajos y ya se ha dicho que las colecciones de plantas, peces y anfibios que encontraban en el Pugín su lugar de almacenamiento serán irreemplazables.

Probablemente Darwnin y Philippi estarán retorciéndose de angustia en sus tumbas. Pero también los futuros científicos, en el vientre de sus madres deben sentir la pérdida.

¿Y yo...? Para mi ese edificio era una parte curiosa de mi vida. Mis primeros meses sobre este planeta los pasé en parte ahí. Acunado por los olores de laboratorio y los arrullos de las mentes universitarias. Envuelto en mantas primero y luego correteando en sus pasillos angostos y repletos de afiches y calcomanías de todo el mundo, es como viví yo el particular ambiente del subsuelo del edificio de los pescados, donde funcionaba zoología. Algunos días antes del incendio había estado en él de nuevo. Y entrar ahí siempre me daba una sensación de familiaridad, aunque yo nada tenga que ver con la zoología.

Ahora, como siempre ha sido, lo único que realmente perdura es lo que queda en el interior de las personas.

martes, octubre 30, 2007

Nada más

Sigiloso avanza el fuego.

La llanura lo aguarda


con la mirada de quien


no desea ser despertado.




Percibe el aroma de los lirios

cuando la vertiente de arena


deja caer una última perla.




Los dorados reflejos del ocaso

van alargando nuestras sombras


en las profundas aguas del mar.


Una cálida brisa sopla un susurro.


Reflexiones ñoñas

Hace unos días (que frase más inútil, si se piensa que esto podría leerlo alguien en muchos meses más… pero me gusta) caminaba con una antigua amiga por el centro de Santiago mientras conversábamos. Hace muchos años que no nos habíamos visto, pero manteníamos contacto de vez en cuando por Messenger. Si bien ella es bastante menor que yo, por las vicisitudes de la lejanía geográfica y la consabida centralización chilena, ella se crió como una “otaku” a la antigua. A Chiloé tardaron en llegar las comodidades a las que otros recién iniciados en el mundo de la animación japonesa tienen acceso de manera tan natural ahora. Así como a muchos de mi generación y sobre todo a los pioneros de la generación anterior a la mía, a ella le tocó rasguñar bajo las piedras para conseguir un VHS grabado de otro VHS, que a su vez era la copia pirata de algún VHS doblado en un horrible español de España. Ni hablar de ser quisquilloso; se veía lo que se podía conseguir, después se podía uno dar el lujo de decir “puta la wea mala”. Lo mismo con los mangas, aún más difíciles de conseguir. Si por un golpe de suerte uno lograba ponerle las manos encima a cualquier número de algo, eso pasaba a constituirse en un tesoro privilegiado en el mejor estante de la pieza.

¿Cuál es mi punto? No es mi intención hacer una especie de reclamo o ponerme, como los viejos (que al fin y al cabo todos seremos algún día) a reclamar por lo mal que están los jóvenes (o los otakus) de hoy. Es sólo que mi amiga encarna algo que no le corresponde por su edad. Podríamos decir que ella es una especie de fósil viviente, que destaca entre sus compañeros porque no es igual a ellos. Claro, es muy visual para vestirse, cosa que en mi generación aún nadie se atrevía a hacer, también se mueve con soltura en el politizado mundillo frikki de hoy (sobre todo en Santiasco)… pero hay algo que la distingue, y yo creo que es una mirada crítica, observadora, quizá un poco tendiente a la frustración con lo que observa en estos días. Es una mirada que nace de la gente a la que algo les costó, pero finalmente lo obtuvieron; la mirada que valora lo que tiene, en vez de andarse con pendejadas propias de los malcriados en la opulencia.

Quienes me conocen saben que no lo digo por creerme superior, ni por pensar que tengo una posición más elevada en alguna imaginaria pirámide trófica del frikismo, pero estoy bastante chato de los tontakus. De sus peleas miserables y mezquinas, de su ignorancia (que se niegan a superar, porque el ignorante no es malo, mas si lo es el que se niega a aprender) y su poserismo. Me alegró saber que aún andan por ahí algunos, sobre todo algunas muy jóvenes (creo que eso no sonó bien… º_ºU), que aún mantienen en alto el espíritu que me atrajo a tratar de ser otaku, de esos que, como los que el estudio Gainax tan bien retrató en “Otaku no Video”, se apasionaban con lo que hacían de manera honesta y comprometida.

Fue un agrado volver a verte Victoria, sobre todo porque has llegado a ser una buena persona, más allá de toda la chorrada que escribí ahí arriba ^__^.

miércoles, octubre 17, 2007

Cosas que buscan cosas




Generalmente se dice que el que busca encuentra o que tarde o temprano, con esfuerzo, las cosas que uno busca llegan...... A veces pareciese ser todo lo contario.

No sé si se podrá hilar tan fino sin ser declarado clínicamente insano, pero pareciese ser que en realidad hay cosas que son encontradas cuando ellas quieren. No, no me refiero a anillos mágicos. En mi caso, más bien me refiero a un libro.

Busqué y busqué algún texto sobre teorías de la educación por toda la biblioteca y no encontré nada. El complejo sistema de búsquedas del index elerónico no me ayudó tampoco. Y hoy bajé a la biblioteca, simplemente para ir al baño. A la salida pensé "podría aprovechar que estoy aquí para ver si encuentro algo sobre procesamiento estadístico. Fuí en búsca del estante de los lobros de investigación en comunicación y terminé en otro estante (son todos tan parecidos)... el de psicología. Decidí, por alguna razón pegarme una vuelta por ahí en vez de seguir buscando lo que me convocaba y ..... tadaaaaaan!..... Frente a mi se desplegó un título: Teorías del aprendizaje.

Sólo espero no sentir ganas de vivir en una caverna y comer pescado crudo por leer el libro.

martes, julio 17, 2007

Más Tierra Virtual

Aprieto un botón y un mundo se abre ante mi… y lo que veo no me gusta para nada. No porque en sí lo que se despliega en ese universo de dos dimensiones comprimidas en cuatro costados sea aberrante (que lo es). De ser sólo eso, simplemente cambiaría el canal. Lo que me atormenta es pensar en el otro mundo, ese regido por leyes naturales, en 3D y a todo color; ese en el que la gente nace, vive y muere; y sobre todo me horroriza pensar lo que pasa en las mentes de quienes más ven aquello que se ofrece a mis ojos.

Para hacer las cosas más claras, hablo de MTV. Yo no tengo cable, por lo que sólo a veces cojo mi tajada de lo que muchos hoy por hoy están consumiendo a nivel audiovisual; pero el fin de semana me expuse, al parecer, a una alta dosis de lo peor de lo peor. Ya en mis años mozos MTV se consideraba un canal que había nacido de una idea muy buena e interesante, pero que cada día estaba más a mal traer. Se lo acusaba de comercial, de falso y popero… nada comparado con lo que parece ser ahora.
Se dice que Hollywood es la fábrica de lo sueños. Y bien, si ellos los fabrican, no me cabe la menor duda que hoy es el canal de "música" quien los empaca, distribuye y vende (de una manera bastante efectiva al parecer). Soñar no es malo, me dirán. Completamente de acuerdo; es más, sin sueños la vida sería una mierda. ¿Pero por qué soñar lo que nos dicen que soñemos, por que el sueño ha de ser ajeno?

Y aquí el punto de toda esta perorata. MTV no sólo satura las permeables mentes adolescentes con una dosis tóxica de basura como realyties basados en el comportamiento de gente con mentes tan evolucionadas como un maní (perdón a los maníes) que se dedican sistemáticamente a demostrar que lo único que les importa en la vida es verse "bellos", tener un auto deportivo y minas/minos populares, sino que los bombardea implacablemente con imágenes de una cultura, estilos de vida y niveles de bienestar (aunque yo discrepo en el concepto de bienestar) que no son propios a nadie en nuestro continente (salvo esos famosos 2 o 3 % que se llevan todos los productos internos de las naciones latinoamericanas).


No se confundan, no pretendo irme por un discurso antielitista-revolucionario-al-peo… me apesta esa pseudocorriente de "pensamiento". A lo que voy es a algo mucho más terrenal y menos utópico. Es más que sabido que los adolescente son muy receptivos a influencias externas. Están construyendo su identidad, buscando al mismo tiempo individualismo y pertenencia al grupo. Se debaten entre la aceptación y el rechazo en medio de un fértil terreno que explotan las empresas para venderles todo aquello que los "hará únicos", "populares" e "irresistibles". Y claro, ahí tenemos a MTV vendiéndoles las fantasías sobre pendejas de 16 años que gastan más de un millón de dolares en una fiesta de cumpleaños porque no pueden ser menos que la otra pendeja que está de cumpleaños. Gente cuyos mayores problemas en la vida son caerse de la tabla de surf sobre la que los llevarán en una entrada triunfal a su fiesta; gente cuyos padres les dan cualquier gusto y los meten en una burbuja dorada en la que no necesitan inteligencia, sentido común o espíritu de superación. Visiones de una sociedad que ha prosperado sobre los huesos de sus abuelos que murieron en los campos de batalla europeos para que la guerra jamás tocara su país (y así instalarse como la única vencedora incólume que gobernaría el mundo hasta hoy).

¿Qué queda para nuestros adolescentes? Mirar a su alrededor y ver las paredes de madera de tercera con repisas saturadas de virgencitas y cristos fosforescentes colgados de clavos, salir a las polvorientas calles mal mantenidas a carretear en los autos usados haciéndole el quite a los típicos quiltros callejeros, meterse en una discoteca a curarse y bailar por horas extasiados de nada para borrarse de una realidad latinoamericana que no es como el mundo MTV; para luego volver a sus casas… Ante la elección de deprimirse por lo que los rodea, siempre tendrán la opción de apretar ese mágico botón que los transporte de regreso al cómo regazo de su glamoroso y cuadrado planeta en 2D.
Y después nos preguntamos por qué esa necesidad compulsiva de la gente por tener la ropa de marca, endeudarse, robar o matar por unas gafas, una polera o una parca que los hará mejores…

viernes, mayo 11, 2007

La mujer del César


Es triste como la gente que no piensa arruina las cosas buenas en este país. Estuve en la presentación del proyecto de la represa San Pedro que se hizo en el marco de la participación ciudadana que obliga la ley. Unos días atrás había asistido a una charla similar en las aulas de la U. Por supuesto, en un proyecto conflictivo como ese no esperaba que las cosas fuesen pacíficas; pero al menos pensé que la gente actuaba con un poco de cerebro.

A principios de los ’90, en la edad más permeable para un cabro chico, yo vivía en Alemania. Europa estaba pasando por un fuerte proceso de conciencia ambiental y yo soñaba con algún día publicar una revista de corte ecologista. Tenía diez u once años en ese entones y ver como la ciudadanía manifestaba su preocupación, actuaba para conseguir su voto (y no sólo voz) en las decisiones, me marcó. Sin embargo, hasta el día de hoy lo que más recuerdo no es que lo consiguieran, sino cómo lo hacían. Organizados y dispuestos a enfrentar autoridades e intereses creados… pero, sobre todo, informados, con inteligencia.

Como decía, eché de menos eso en lo que se dio en la instancia de participación. Los activistas gritaban consignas a coro, repitiéndolas como un mantra, igual de “corderizados” que las masas que no actúan. Interrupciones a cada rato, gritos e incluso una actitud agresivísima para con quienes en el público deseaban escuchar la exposición. “Que se vayan”, “no queremos su represa”, “vendidos”, etc.

Es comprensible que la gente tenga ira. ¿Quién no, si llevan años engañándonos con la excusa del progreso? Nadie puede culparlos de sentirse pisoteados, porque todos hemos sido pasados a llevar. Lo ridículo es la forma, no el fondo. Cuando ellos gritan “intolerantes”, “fascistas” y reclaman que no los dejan hablar ni preguntar; ¿por qué no se miran ellos? Haciendo callar a quienes no pensaban como ellos, interrumpiendo groseramente. Un tipo dijo que quería escuchar la exposición para poder hacerse de una opinión. Incluso advirtió, probablemente para no echarse a la turba encima, que lo más probable era que al final igual se convencería de que el proyecto era una mierda. Aún así alguien le gritó que si venía al acto tenía que haber leído el estudio de impacto ambiental antes, que eso era “tarea para la casa”… ¿Quién era él para decirle al otro caballero qué debía o no hacer? Yo llamo a eso prepotencia con tintes fascistas.

Por otro lado siempre he pensado que un movimiento que plantea una buena causa debe cuidar su forma de exigir y pararse ante la sociedad. Uno no puede llegar a reclamar sin saber de qué está hablando. “La energía que se genere se va a ir toda a Santiago”, gritaba una señora (que supuestamente es educadora…) enrabiada hasta los huesos. Otro reclamaba que toda la electricidad era para las mineras del norte. Cualquiera que se interese un mínimo por ser tomado en serio y no dañas la imagen de su movimiento debería haber leído antes. Así sabría que el sistema interconectado central opera como un “pool” de energía al que aportan todas las centrales de una zona (ellos explicaban que había una desde, por ejemplo, Tal-Tal hasta Chiloé). Es evidente que una ciudad como Santiago consumirá más que Valdivia… ¿Pero acaso vamos a ir a matar a la mitad de los santiaguinos para que nuestro consumo sea comparativamente mayor?

En este momento deben haber muchos pensando “este weón está a favor de Colbún” o inventándome calificativos como vendido y similares. Nada más lejos de la verdad. Es porque me interesa que se actúe que critico con fuerza la pobre forma en que lo hacen nuestros “ambientalistas” criollos. Ante organizaciones que hablan con ignorancia, mezclan cosas separadas y se desvían del hilo central de sus propias exigencias, la sociedad reacciona diciendo “estos son una manga de tontos hipientos”. Si uno quiere tener éxito en sus demandas debe ser consistente, firme, sólido. Para los movimientos ciudadanos el dejarse pasar balas no es un lujo que puedan darse. Y es eso lo que yo observé. Hubo algunos que sí atacaron con armas efectivas: los argumentos, los cuestionamientos. Temas como la escasa diferencia entre las cotas del lago y la presa, la navegabilidad efectiva de la zona o el cambio de una zona de rápidos de poca profundidad por un sistema de laguna, son herramientas para exigir que los estudios se revisen, que se repiense el proyecto. También exigir que sean las autoridades de la nueva región las que lleven el proceso y no las actuales de Puerto Montt, es una exigencia potente.

¿Por qué insistimos en hacer las cosas mal? Por qué tiene que ser “al lote”. Y sobre todo, ¿por qué deben haber tantas contradicciones evitables? Por ahí una señora vociferaba que en Valdivia no necesitábamos más energía… ¡Todo Chile necesita más energía! Dudo mucho que ella sea de las pocas personas que tienen sus casas llenas de ampolletas ahorrativas, apagan las luces, etc. Es fácil ver sólo una arista y defender un baluarte tan cerrado. Tarde o temprano vamos a necesitar más energía, aunque sea por el mero hecho de que la población crece. ¿De dónde la vamos a sacar cuando llegue la hora? Granjas eólicas y solares suenan bonito, pero no alcanzan. La tecnología geotérmica está menos que en pañales en Chile y nadie está dispuesto (menos que nadie los “ambientalistas”) a aceptar el arma de doble filo que es la energía nuclear… Personalmente no creo que el tema sea que se hagan o no centrales hidroeléctricas, sino cómo se hagan. No podemos permitir que se nos engañe, no podemos permitir que se arrase con monstruos como Machicura. Pero eso no nos da derecho a invitar a los políticos a que anden promocionando los oscuros caminos alternativos (recuerden que los UDI ya andan hablando de centrales nucleares, porque hay mucha polémica por las hidroeléctricas).


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